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23 Mar 2018

Bienvenida seas, mujer / Por Cristina Quijera

No hay mayor poder que la energía de una mujer post menopáusica.

Me encanta esta frase de Margaret Mead, la utilizo mucho, para mí misma, en momentos de flojera, y para las mujeres que asisten a mis talleres. Es tan positiva, tan contundente, y una, al llegar a esta franja de edad, la siente tan suya…

Sí, es cierto, mujer que has llegado a tu menopausia: sientes un montón de energía poderosa en tu interior, de hecho, así es, la tienes. La energía que antes empleabas en ovular y vivir el ciclo, ahora se concentra en ti para que la emplees a tu manera, creando, siempre creando. Es una energía que a veces se manifiesta saliendo a borbotones, como si te anduviera recordando que ahora ya no pierdas más tiempo en frenarte a ti misma: ve, camina, nombra, ríe, participa. Y otras veces, te lleva hacia adentro, quieres estar sola y disfrutas mucho de estos momentos pues ya no necesitas tanto cuidar lo de fuera, quieres cuidarte a ti, hacer tus cosas… Ese fluir entre lo de adentro y lo de afuera se apacigua…

Sin embargo, no puedo dejar de ponerle una coletilla a la frase de Margaret: “No hay mayor poder que la energía de una mujer post menopáusica”… siempre y cuando haya llegado a esa etapa con salud.

 

                       Margaret Mead (Allison Adams, Groundbreaking Girls

 

La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades.

Esta es la definición de salud recogida en el preámbulo de la constitución de la OMS y es como a mí me gusta tratarla. La salud es más allá de la ausencia de enfermedad, un entrelazado físico, mental y social que hace que una se sienta saludable, se sienta bien, en paz.

El tránsito hacia la menopausia es una oportunidad que nos da nuestro cuerpo cíclico para escucharlo, y durante más o menos 10 años, éste se va a manifestar, mostrando lo que hay y lo que hace falta. No es un camino de rosas, la mayoría de nosotras llegamos “tocadas”, pero es camino enriquecedor, el camino hacia la vejez…

 

Nuria Varela tiene razón: estamos cansadas. Cansadas en estos tres planos de salud que la OMS menciona: en el físico, el mental y el social.

Y también estamos inquietas, hay tanto por hacer…

Y qué decir de cabreadas…

Y también tristes…

 

Agotadas de lidiar con un cotidiano hostil, con conciliaciones imposibles que sin embargo llevamos adelante, con creencias obsoletas que todo el mundo dice haber transcendido pero que siguen determinando demasiado las políticas de vida y de relaciones. Cabreadas por tantas injusticias, las propias y las ajenas, por tanta violencia, por tanta estupidez. Agotadas de lidiar con dolores y penas que dejan huella en el cuerpo y que apenas atendemos, pues hay que seguir adelante… Cansadas de oír que estamos enfadadas, que se nos va la pinza, que no es para tanto, que ya hemos conseguido mucho. ¿Mucho? ¿Mucho qué?, pregunto un tanto irónica. Yo, perdonen, me siento estafada por el sistema patriarcal: me tendió la mano para arrancarme el útero, y no se lo llevó porqué me opuse con uñas y dientes, de ahí el agotamiento físico, mental y social con el que me encontré al empezar a prestarme más atención, cuando, a los 45 años, mi sagrada intuición me dijo: “Para el carro”.

Empecé a pensar que si entrar en el sistema de producción; tener un trabajo remunerado que está la mayoría de las veces por debajo del de mi compañero de trabajo que hace lo mismo o menos porqué a él se le pide siempre menos para llegar a meta; si educar a mis hijos era esto; si vivir, en definitiva, era esto, como decía aquel eslogan del Mayo del 68: “Paren el tren que yo me bajo”… Eso es lo que yo decidí, y hoy, sin estar del todo fuera, me muevo por los márgenes donde encuentro mucha más paz y muchas compañeras, y desde esos lugares nos vamos haciendo expertas funambulistas, atentas a los tropiezos de cualquiera de nosotras.

Dice Isabel Allende en su maravilloso discurso que anda circulando estos días por las redes, que somos, hoy, al inicio de este siglo XXI, millones de mujeres mayores o en vías de serlo, mujeres formadas, educadas y con recursos (ejem…), con capacidad para pensar y organizar por nosotras mismas y esa es una gran clave. La autonomía de la mujer, entendiendo autonomía en su sentido más etimológico (auto, propia, nomos, ley), es decir, como “leyes propias”, no puede ser construida jamás por los hombres ni tan siquiera con ellos, sino por nosotras mismas. Entre nosotras.

El asunto del climaterio y de la menopausia es cosa nuestra, como lo son nuestra menstruación, nuestro embarazo, nuestros partos, nuestras crianzas. Es hora de sacarlo a la luz, de primeras entre nosotras, pues este también es un camino colectivo de mujeres, a la par que propio de cada una de nosotras, pues así nos asumimos, unidas en la diferencia.

Seamos en este tema también ‘mujeres en relación’, pues en esa relación entretejida encontraremos claves colectivas para definir, construir y practicar políticas que cambien el rumbo de las cosas. Leyes asumidas desde la experiencia. Las mujeres climatéricas ya hemos conocido, por experiencia propia, por el legado de otras, el ‘lado oscuro’. Habiendo transitado tantos caminos, recorrido tantas sendas, hoy, a los cuarenta y tantos, cincuenta, nos sentimos crecidas, dignas y tenemos claro el camino. No tiene que venir nadie y menos los hombres a contarnos por dónde debemos transitar.

 

Me parece crucial avanzar por el climaterio apoyadas por una hermandad de mujeres, este término tan precioso que es sororidad. Precioso, término que empleo en su aceptación de valioso, único, misterioso, escondido…

Mujeres en relación, pues hemos comprendido que entre nosotras es la salida, entre nosotras podemos construir leyes relacionales distintas a las obsoletas leyes patriarcales, que ya no gobernarán ni nuestros cuerpos, ni nuestras mentes, ni nuestra sociedad.

Mujeres en relación que sabemos que hacernos cargo de nuestra salud es primordial, que el equilibrio entre lo femenino y lo masculino en nuestros cuerpos es moneda única, y que ello trae Orden nuevo, de primeras a nosotras y de ahí hacia fuera.

Las climatéricas queremos caminar hacia la menopausia con alegría y orgullo, sin miedo, adquiriendo conocimiento, y que éste circule, aportándonos unas a otras, abriéndonos las puertas de par en par. Queremos ser viejas, recuperar esta palabra sin que nos asuste, sin tapujos, queremos ser las nuevas sabias, con be y con uve: las nuevas savias también. Queremos reconocimiento, y para empezar nos lo vamos a dar a nosotras mismas, entre nosotras, con todo el orgullo que supone el haber llegado hasta aquí, más o menos sanas y salvas. Determinadas a sanar lo que haga falta, apoyándonos en ello, queremos transformar nuestra rabia en acciones poderosas, queremos vivir nuestra sexualidad en todo su apogeo y queremos entregar el amor que nos sale a borbotones por todos los poros de la piel, definiendo de nuevo, constantemente la palabra amor.

Queremos dejar legado a nuestras hijas, biológicas o no, que más da. Hijas es el único rol que todas compartimos: somos hijas, sí o sí. Un legado que otorgue a las que vienen creciendo, la confianza de que haga lo que haga con su vida, ella, mujer, será reconocida, será honrada, será sostenida por una red que quizás no vea, pero que está, siempre está: nosotras, mujeres en relación, en distintas etapas. Un legado que también reconozca a nuestros linajes femeninos, el sanguíneo, el construido por la amistad, el de nuestras ancestras, el de nuestras ídolas… Arrancando de cuajo la raíz de orfandad y soledad que toda mujer hemos sentido alguna vez en nuestro día a día.

Mujeres que llegáis a vuestra Segunda Primavera, como maestra de conciencia corporal os invito a este taller para hacer balance y repasar algunos lugares del cuerpo que tienen mucho que ver el miedo, la rabia y el placer, en los que quizás haya huellas a las que prestar atención para poder quitarle mi coletilla a la frase de Margaret Mead. También esto es una invitación a reflexionar colectivamente sobre el papel de las mujeres nombradas como mayores y/o maduras quitándonos de tantos eufemismos.

Bienvenida seas, mujer.

 

Cristina Quijera, maestra de conciencia corporal, es la coordinadora de Segunda Primavera: Climaterio y Menopausia. Un camino colectivo

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