info@campusrelatoras.com

BLOG

1 Nov 2019

Compartir aliento con muchas maneras de respirar / Por Stefanie Fock LA ALKIMILA

Estoy tumbada de espaldas en una colchoneta. Dirijo mi atención adentro de mi cuerpo. Exhalo todo el aire que pueda y espero el impulso de inhalar. Con mi atención sigo al aire buscándose su camino a través de mi nariz. Lo hago llegar hasta la barriga, antes de disfrutar de la sensación de amplitud al ensanchar los pulmones. Exhalo mis tensiones e inhalo serenidad hasta sentir(me) cuerpo. Entonces hago aparecer la imagen mental de una paisaje que me causa placer. Piso tierra calentita y suave, mientras me acerco a un árbol. Me apoyo en el tronco ancho y fresquito al tocar. Respiro. Levanto la mirada para tomar contacto con las ramas y hojas verdes, inhalo su agradable olor. Cuando me siento lo suficientemente cómoda, uso mi respiración para aflojar mi cuerpo cada vez más. Me fusiono con el árbol, haciéndome una con él. Exhalo e inhalo. Con cada respiración siento más fuerza en esta transformación imaginaria. Respiro como árbol. Recibo nutrición de la tierra y del sol. Ambos flujos de energía confluyen en mí, y me llenan de calor. Así se alimentan las plantas. Es la nutrición de un árbol, y en un sentido más amplio es cómo me nutro yo. ¿Cuál es el nutrimento que necesito ahora mismo? Sigo respirando hasta que una imagen comienza a aparecer. Es la visualización de una brisa suave y fría. Primero me rodea, al rato entra por mi boca, atraviesa mi cuerpo entero, y me da la sensación de absorber mis inquietudes para llevárselas afuera de mi cuerpo. Con cuidado, pero decidida hago salir la corriente de aire a través de todos los poros de mi piel. En mi imaginación, la brisa enriquecida se vuelve palabras, caras, sonrisas, abrazos. Poco a poco me distancio de la imagen evocada, respiro hondo y vuelvo a percibir cada parte de mi cuerpo hasta salirme del árbol. Le agradezco su apoyo, acaricio su corteza. Me vuelvo a concentrar en sentir cómo el aire entra y sale de mi cuerpo. Exhalo e inhalo. Siento la superficie de la colchoneta en la que estoy tumbada. Abro los ojos. Respiro con mucha calma. Mis pulmones se sienten más fuertes, los latidos de mi corazón han encontrado un ritmo soportable. Vuelvo con total atención al espacio-tiempo en el que estoy. Antes de levantarme aprovecho el momento de distensión para que lo experimentado se pueda volver palabra. Al rato pronuncio en voz alta: necesito compartir aliento.

 

 

La respiración es un asunto vital que nos pone a todas en conexión íntima con la atmósfera y con la vida vegetal. La respiración es una actividad que trae el afuera hacia dentro, y el adentro hacia fuera. Sin respirar no hay vida (humana). La respiración marca el comienzo y también el final. Pero, si bien se trata de un fenómeno universal, no es un fenómeno homogéneo. No respiramos –ni dejamos de respirar– todas de la misma manera. La respiración atraviesa las diferencias, mientras su puesta en acto es poderosamente diferencial. La respiración se practica de manera diferente según particularidades pulmonares y capacidades respiratorias singulares. El aire es un recurso compartido, pero la calidad del aire en espacios exteriores e interiores forma parte del capacitismo estructural. Inhalamos aires más o menos contaminados, y exhalamos a distintos ritmos e intensidades, con y sin aparatos respiratorios, y más o menos conscientes de la acción de respirar. Para algunas personas respirar supone un continuo esfuerzo, mientras otras encuentran en la respiración un entrenamiento físico y emocional. A través de modismos, canciones e imágenes, la respiración se hace simbolismo cultural. Sin la respiración no hay ni ciencias ni artes, ni teorías ni movimientos. La respiración puede inspirar análisis diversos que desarrollan políticas de justicia social y ambiental. No obstante, proponer la respiración como asunto feminista parece ser algo secundario e inusual.

 

Hace dos semanas me operaron de las cuerdas vocales. Me quitaron un pólipo e hicieron una biopsia. El resultado: una inflamación crónica. La causa más probable, me dijo la médica, es que respiro mal al hablar. No le comuniqué lo que pensaba: “No sé respirar en general”. A lo largo de mi vida la falta de aire nunca ha sido una metáfora. En un informe médico del 19 de junio de 1982 leo: “Contrayéndose, sin respirar”. Entonces yo tenía dos meses y medio. Nadie sabe contar las veces que de niña desperté a mi madre por la noche con falso crup (o pseudo- laringotraqueobronquitis). Hoy día, si veo un inhalador eléctrico se me pone la piel de gallina, porque durante toda mi infancia me han hecho chupar de ahí medicación de muy mal sabor para frenar el asma. Décadas de ritmos acelerados y desconexión corporal se manifiestan en los largos ratos en los que, inconscientemente, contengo la respiración. Se juntan malas posturas, miedos, y altos niveles de tensión. También entrecorto mis ritmos respiratorios para evitar el malestar que ciertas sustancias químicas, perfumes y fragancias me causan si entran por mi nariz. No salgo nunca sin primero poner la mascarilla de filtración de partículas en mi bolsillo. Por si acaso. En mi casa tengo enchufado un purificador de aire que me permite respirar mejor, mientras me recuerda 24/7 de los privilegios de mi aparato respiratorio desprivilegiado.

 

 

A pesar de todo, he conseguido pasar por alto el significado de la respiración durante más de 30 años. Mientras tanto, he hecho de la hiperventilación mi práctica respiratoria habitual, al menos, según el lenguaje médico. Después de unos años de experimentación personal y profesional con re/generar conocimientos a partir de la respiración y la visualización, he desarrollado mi propio lenguaje en el que mi particular modo de conexión con el aire deviene práctica respiratoria discapacitada por condicionamientos socioambientales, normas (posturales) de género y experiencias traumáticas vueltas respiración. Los cuerpos son políticos en cuanto a su construcción social, cultural y visual, pero los cuerpos también ponen en práctica cotidiana esas políticas. Respiran según los efectos sociosomáticos de daños ambientales, cotidianidades estresantes, y sistemas de opresión. Inhalando y exhalando los cuerpos articulan –cada uno a su manera– las condiciones asfixiantes de capitalismo, racismo, capacitismo, sexismo, homofobia, transfobia, clasismo y más relaciones de poder que hacen importar diferentes vidas de manera distinta y con consecuencias dispares para su respirabilidad. Para muchas, seguir respirando es un asunto de lucha cotidiana. Vivir la falta de aire como normalidad (y no como la excepción) es cansino y nocivo, pero “no puedo respirar” también entraña potencias de concienciación y de conexión.  

 

“No puedo respirar.” […] Final y apertura. Luchar por algo – por respirar, por posibilidades, por cambio. “No puedo respirar” como un grito público. “No puedo respirar” como una lucha situada de modo interseccional, individual y colectiva. “No puedo respirar” como diferenciación. Inevitabilidad existencial. Necesidad política.

(Magdalena Górska, Breathing Matters)

 

Y entonces respiré profundamente. Experimenté que al controlar el ritmo de mi respiración y al utilizar mi imaginación podía reducir sustancialmente mi experiencia de dolor y de tensión. Respirando en el espacio de lo desconocido surgió una nueva dimensión, llena de posibilidades de re-conocerme y de conectar con otros cuerpos (humanos y no). Es desde esta situación que LA ALKIMILA quiere compartir aliento en el Campus Virtual de RELATORAS, creando un espacio acogedor en el que nos junten las ganas de tomar aliento, cada cual a su propio ritmo de la respiración. Un respiro en línea enmarcado en discursos feministas*, con el asterisco indicando una pluralidad de posiciones, en vez de limitar el compromiso respiratorio a un punto de vista específico o a selectas posiciones identitarias. Por medio de conectar con cuerpos teóricos y sensaciones corporales, comenzaremos a transformar patrones individuales y colectivos, asociando el aire con información, con nuevas ideas y conceptos, y con el poder de la comunicación. El otoño traerá nuevos aires que esperan a encaminar prácticas feministas (más) respirables. 

 

Stefanie Fock es la coordinadora del curso Tomar aliento. La respiración como asunto feminista, que comienza en Relatoras el próximo 13 de noviembre.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies