info@campusrelatoras.com

BLOG

16 Sep 2020

Las diosas que me habitan / Por Carmen Pombero

 

             La manzana de oro de Afrodita / Sonia Koch 
https://www.soniakoch.cl/

 

LAS DIOSAS QUE ME HABITAN

Hera se habla a sí misma. Afrodita reflexiona. Luego, ambas dialogan.

 

No soy nadie…

Sin ti. Y sin embargo, a tu lado, no soy más que un ser oscuro y odioso del que hasta yo  rehuyo.

 

Soy.

Mujer plena y completa entre mis propios brazos, que me aman y me respetan mientras tú simplemente me deseas.

 

Como tú eres.

-Quiero ser como tú.

-¿Bella?

-No.

-¿Creativa?

-Tampoco.

-¿Entonces?

-Libre.

 

El cinturón prestado.

-¿Para qué lo quieres?

-Deseo seducirle.

-¿Por qué esta noche?

-No me gustaría que hoy tuviese sus pensamientos puestos en el trabajo, como siempre…

 

Ellas se miran, pero no se reconocen.

-¿Estás ahí?

-Nunca me he marchado… ¿Y tú?

-A veces…

 

LATIDOS ACOMPASADOS

Toc, toc…

Una patada.

Toc, toc, toc.

Ya van dos.

Habrá una tercera, lo sé. Me levanto antes de que suceda.

¡Ja! ¡He ganado!

¡Te quedaste con las ganas, cabrón!

Disfruto de mi victoria con una sonrisa y miro a la silla…

Cierta umbría me derrumba.

¿Culpa?

La comprensión se abre paso dejando una ridícula mueca.

No, culpa no. Triunfo. El tuyo.

Era esto lo que querías, que me levantase de la silla…

¿Acaso no entiendes que trabajo, que tengo que pasar muchas horas sentada?

¡Al señorito le molesta!

No podré hacerlo. Aguantar hasta los nueve meses…

Llevo siete y él ya no deja que me siente.

¿Así será en adelante, su voluntad sobre la mía?

 

Nadie me contó la otra cara de las “pataditas”…

“¡Ya verás cuando sientas la primera! Te hará tanta ilusión…”

¡Llevo dos meses de patadas y de ilusión nada, señora!

 

Tenemos que hacer un esfuerzo. Los dos.

Respiro.

Miro de nuevo a la silla, como el torero que encañona a su toro antes de la estocada mortal.

Cuando llego hasta ella me enderezo cual bailarina, en un intento de engañar a mi hijo…

Tendu…

Retiré.

¡Pilé!

¡Bien! Sentada de nuevo.

La cabeza erguida. La barbilla paralela al suelo. El cuello, estirado.

El tronco y las caderas en alineación vertical.

La pelvis debo mantenerla centrada, ni excesivamente hacia adelante ni hacia atrás.

La silla, bien alejada para que el borde de la mesa no presione los ¿pies? de mi hijo.

Brazos en primera posición: redondeo en la articulación del codo y de la muñeca, la palma hacia arriba…

… Los brazos suben hasta la altura del ombligo y…

¡A teclear!

 

Shall we dance, hijo mío?

 

Carmen Pombero es guionista, dramaturga, escritora, directora teatral y guionista de exitosas series de televisión y plataformas. Coordinadora del curso y taller de escritura online Genealogía de mis mujeres. Reescribirnos a partir del recuerdo.

 

Leave a Reply