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8 Ene 2019

Las mujeres somos. Las mujeres creamos / Por Nerea Aguado

Nuestra historia. 

Durante siglos a las mujeres se nos ha silenciado, se nos ha negado nuestro sitio en los libros y en los museos, en la mesa del comedor y en los ayuntamientos, en los medios y en la calle. Nos han negado referentes, linajes, mitos, representaciones y mujeres comunes. Desde los años 70, hay un gran movimiento por recuperar nuestra historia, la “herstory”, la historia de nuestro sexo. Gracias a ello cada vez conocemos más mujeres, más historias, más detalles de ellas, pero ¿cuántas quedan por salir a la luz? ¿Dónde están las que no tuvieron nombre? Muchas de ellas, como nos cuenta Joanna Russ en su libro Cómo acabar con la escritura de las mujeres, fueron las madres, esposas, hijas, compañeras o amigas de lo que más tarde se definió como grandes genios:

 

Y también está el relato (esperemos) apócrifo del libro de texto del instituto en el que Marie Curie era descrita como “la ayudante de laboratorio de su marido, Pierre”. Es más, según las editoras:

 Nos dimos cuenta de que si buscábamos los apellidos de los artistas más conocidos –por ejemplo, Diego Rivera, Jacopo Robusti, Tintoretto, Jean Honoré Fragonard, PIeter Brueghel, Vincent van Gogh, Alexander Calder, Max Ernst, Marcel Duchamp- con frecuencia descubríamos una mujer/amante/hermana/

madre/hija que también era artista. [y en una nota al pie] Estos nombres … podrían haberse extendido desde John Singleton Copley a Yves Tanguy, cada uno de ellos está conectado a una artista –

… [por ejemplo] la madre de Van Gogh, Ann Cornelia Carbentus. Uno de los críticos freudianos sí que la menciona … amaba la naturaleza y escribía muy bien; también demostró habilidades de ilustradora. … De hecho su sobrino [de Van Gogh] nos cuenta que las primeras pintura de Van Gogh eran copias de sus obras [la cursiva es mía (de Joanna Russ)].

 Hace falta un freudiano que conjeture acerca de la “identificación con su madre” de Vincent para mencionar tan siquiera que ella pintaba.

 

Y de nuestra historia, de nuestro linaje, ¿cuántas historias conocemos de las mujeres que lo conforman? ¿Cómo llegamos a ellas si no tuvieron una foto más allá de la boda o una cuenta en el banco?

Queremos (y debemos) conocerlas a ellas y ser sus altavoces, pasarlas por nuestros cuerpos y nuestra experiencia y crear no solo una herstory sino todo un entramado de afectos, emociones, relaciones y conocimientos que pongan en valor la vida, la experiencia y la existencia de la mitad de la población a lo largo del tiempo.

 

 

Necesitamos algo más que datos.

Toda cultura tiene sus mitos, sus leyendas, a las cuales no se les exige objetividad ni realidad, a veces ni siquiera verosimilitud. Son relatos que configuran unas normas, que nos hablan de cómo actuar en la vida, ponen en valor personalidades arquetípicas, crean heroínas a las que parecernos, caminos que evitar… La mayoría de mitos se van transformando para adaptarse a los valores de la cultura que los narra. Crear nuestros propios relatos y hacerlos míticos es necesario para cambiar nuestros valores.

Pero las leyendas y la herencia emocional no se configuran sólo con relatos: la pintura, la música, la danza… el arte, en fin, es la conexión más directa con el inconsciente, con nuestra emoción, la que acaba rigiendo nuestra evolución vital. Por ello, crear es necesario para dotar de contenido emocional la historia que queremos recuperar. El arte, además, nos acerca a facetas de la historia que muchas veces no viajan más allá de los estudios antropológicos: ¿Cómo hablaban? ¿Qué música escuchaban o hacían? ¿Con qué pinturas dibujaban?

 

Investigar para crear mejor

Si podemos crear mitos y leyendas, ¿por qué es tan importante investigar? Conocer nos facilita el camino. Si se nos niega la historia es como si cada vez tuviéramos que inventar todo desde cero. Si no sabemos que la primera persona programadora fue una mujer, seguiremos sintiendo que no estamos hechas para ello, aunque la biología diga lo contrario. Conocerlas nos abre la posibilidad de conectarnos con ellas y con nosotras, de descubrir otros caminos para construir otros relatos. De dar una base conocida a nuestros valores.

Necesitamos investigar y luego transformar lo que averiguamos en arte, en creación, en artesanía, en experiencias que conecten con nuestra emoción.

Luchamos contra el amor romántico, pero seguimos llorando al escuchar las baladas que nos removieron de adolescentes. Queremos una nueva manera de vivir la sexualidad pero las pinturas (y los anuncios) nos muestran siempre a mujeres desnudas en posición pasiva. Queremos abrazar la soledad y la independencia, pero la danza baila un son de cuerpos emparejados. Lo más difícil de deconstruir es la emoción, ese rinconcito creado de aromas, versos, colores, películas y sabores. Hay que crear nuevas referencias artísticas, pues es el arte el que apela directamente a la emoción, sin que la razón le cobre peaje.

Además de la historia, también se nos ha negado por mucho tiempo una buena relación con nuestro cuerpo. Por ello, propongo sentir a nuestras compañeras físicamente, traerlas a nuestro cuerpo, hacer nuestras sus sensaciones y expresar desde la piel y el latido lo que sus experiencias nos remueven. ¿Qué sintió nuestra abuela al lavar la ropa en el río? ¿Y nuestra madre al parir? ¿Cómo vivía Janis Joplin los chutes de heroína en soledad, el pinchazo de la aguja? ¿Cómo eran las manos de Camille Claudel al esculpir y al acariciar a Rodin?

 

 

Ellas. Nosotras.

Lo que conocemos nos configura, lo que queremos conocer habla de nosotras. A quién investigamos no es resultado únicamente del azar, responde a una serie de circunstancias, de deseos y, también, de casualidades. Y, ¿qué parte de ella o ellas investigamos también nos da pistas de nuestro yo más profundo? ¿Por qué siempre me fijo en “artistas malditas” o en “amantes abandonadas”? ¿Realmente fueron abandonadas o decidieron seguir un camino diferente al marcado? ¿Vuelvo a ellas o las tomo de trampolín para investigar otras rutas? Conocerlas nos abre puertas interiores y si conectamos todos los puntos es muy posible que algo explote y tenga que expresarse.

Creamos así una historia conjunta. Contamos nuestra historia a través de ellas. Lo que decimos de alguien, habla de nosotras, la creación habla de una historia común. La visión de Santa Teresa de Tamara de Lempicka nos habla de una mujer desinhibida y conectada con su sexualidad, junto con la imagen de la santa nos habla de momentos de represión y de recuperación del goce, crear sobre lo creado nos cuenta la evolución de los valores.

 

Nerea Aguado Alonso es la coordinadora del taller online Las mujeres somos. Investigación para la visibilización a través de la creación artística, que se impartirá en Relatoras desde el próximo 14 de enero.  

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