info@campusrelatoras.com

BLOG

6 Mar 2018

Normalizando la vulva / Por Natalia de Ancos

A propósito de la cirugía estética genital, Mithu M. Sanyal en su libro Vulva. La revelación del sexo invisible tiene una frase de lo más reveladora: “Entre los cirujanos, estas intervenciones son clasificadas dentro del campo de la cirugía estética, pero que haya un ideal de belleza de la vulva es por lo menos desconcertante en vista de la falta de imágenes de la misma”.

Y es que la vulva (como la vagina) ha sido invisibilizada en gran medida desde los orígenes, especialmente en la sociedad católica, convirtiéndose en un órgano que no se nombra, que es indecente o vergonzoso mostrar.

La industria pornográfica se ha apoderado de la imagen de la vulva, siendo en la mayoría de los casos la responsable de generar una imagen de la misma como un órgano pequeño, rasurado, blanco… una vulva aniñada y empequeñecida. No hace falta ser muy listo para establecer la comparación con lo que sucede en esta sociedad: se pretende que las niñas sean mujeres antes de tiempo y por todas partes podemos ver cómo la publicidad juega con la hipersexualización de las niñas y cómo se pretende que las mujeres queden para siempre en cuerpos de 18 años. Todo lo que se salga de este canon estético parece anormal.

En las escuelas y en la sociedad en general no se habla con normalidad de la vulva ni de la vagina, son palabras que ofenden, que provocan sobresaltos y apertura de ojos… Hay que encontrar siempre miles de sinónimos, todos ellos diminutivos u ofensivos, feos…: conejo, chocho, chochito, chumino, chichi, felpudo, pepitilla, chirri, potorro, raja, almeja, coño (¡¡¡menos mal, uno potente!!!)…

                                                                                                                                                                                                                 Ilustración de María Xata

En el Taoísmo y la poesía amorosa china los nombres que se le dan a la vulva y la vagina son: glorieta perfumada, loto dorado, puerta del paraíso, perla preciosa, puerta celestial, lugar oculto, puerta de jade, valle misterios, puerta misteriosa, tesoro…

En el Tantra se distinguen diferentes vaginas como el chitrini-yoni (el de una mujer elegante), el hastini yogui (grande y profundo), padmini-yoni (loto-mujer, que le encanta la luz del sol y florece como el loto), shankini-yoni (mujer hada o concha)…

En los talleres de suelo pélvico siempre me gusta decir que el músculo pubocoxígeo (que como su nombre indica se inserta en el pubis hasta el coxis) desde el punto de vista de la Medicina Occidental forma parte, junto a dos músculos más, del elevador del ano y así se le denomina. Y es cierto que éste músculo actúa como tal, pero participa en otras muchas funciones. En el Taoísmo, al pubocoxígeo se le llama músculo de los ancestros, o músculo del amor o músculo chi (energía en chino). Una vez más la perspectiva de este músculo y nuestra conexión mental con él cambia mucho nuestro acercamiento al mismo.

La diferencia a la hora de referirnos a nuestra anatomía íntima entre Oriente y Occidente es todo un mundo.

Sin duda, el lenguaje es fundamental a la hora de visibilizar y conceptualizar nuestra anatomía íntima y nuestro acercamiento a ella, pero además, lo que podemos hacer por nuestra vulva y nuestra vagina es desde ya quererlas, admirarlas, reconocerlas, normalizarlas y atenderlas como se merecen, como reinas moras.

**Hoy 6 de marzo celebramos el Día por la Visibilización de la Vulva 

Natalia De Ancos, instructora de Mindfulness y Pilates, imparte talleres sobre musculatura de suelo pélvico. Coordinadora del curso online Suelo pélvico. Conciencia, cuidado y construcción de la identidad.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies